Para quienes disfrutamos de viajar y empaparnos de distintas culturas es frecuente sufrir algún tipo de choque cultural. Nuestros blogueros no están exentos de ello y, sin duda, hay historias que merecen ser contadas. Pero primero, ¿qué es exactamente el shock cultural?

El choque cultural se entiende como la ansiedad y sentimientos de sorpresa o confusión ante comportamientos de un medio social nuevo para él. Esto puede derivar en sensaciones de irritabilidad y frustración, sobre todo si la persona no logra adaptarse a las nuevas reglas o comportamientos que pueden parecerle incomprensible, desde cosas tan simples como personas que saludan de diferente manera o aspectos más chocantes, como la adoración a las ratas. A continuación, algunos de nuestros blogueros de ACHILETB nos cuentan algunos momentos en el extranjero en el que experimentaron shock cultural.

Para Dani Kemeny del blog A Baby Abroad, vivir en China no es fácil y el choque cultural ha sido constante.

La mayor parte del tiempo lo amas por lo emocionante que es ver todo desde una perspectiva tan distinta a la occidental, pero también hay veces en que lo odias. Los niños hacen pipí en cualquier parte: el basurero de la estación de metro, el pasillo del supermercado, el resbalín del parque. El Internet es pésimo y usar los sitios bloqueados por el gobierno (obviamente) a veces es muy difícil.

Cada cierto tiempo la contaminación hace que sea peligroso salir a la calle y debes tener purificador de aire en tu casa. Pero lejos lo que a mí, en lo personal, me choca más, son los escupitajos de los chinos en todas partes. Me da pena decirlo, porque creo que estos detalles son los responsables de los prejuicios que tenemos en occidente contra los chinos, y pese a que no es fácil obviarlos, no son más que eso – meros detalles. Los chinos tienen millones de cosas buenas que destacar”.

Para Claudia del blog Coreanizada, Corea no tendría tanta gracia si no fuera por las diferencias o los choques culturales.

“La mayoría espera el tener que sacarse los zapatos y comer con palillos, pero ¿se imaginaban ir al baño y encontrarse con un hueco de porcelana en el suelo en vez de un clásico inodoro? O al revés, ¿modernos W.C. con botones que no sabes para qué sirven? Y siguiendo con los baños, ¿por qué esa obsesión de los locales de comida de usar papel higiénico en vez de servilletas en la mesa? Sí, es papel igual, pero ¿no es raro pedir algo para limpiarse la boca y te pasen un rollo de papel higiénico? Piensas que falló el idioma y te entendieron mal. Igual que cuando te ponen tijeras en la mesa en vez de cuchillo. Cada vez que un conocido me visita en Corea lo invito a comer sólo para ver su cara cuando saco las tijeras y las uso en la carne.

Ahora, si de los choques menos agradables se trata, mi menos favorito sería el de los ruidos al comer. Y es que acá todo vale, desde sorbetear las sopas y el café, hasta los eructos y otros gases en la mesa. Pero al final todo está en cómo uno se lo toma: te dejas llevar por el entorno y disfrutas del resto pese a esos detalles, o terminas más preocupado y hundiéndote en esas diferencias que no te van a dejar disfrutar el viaje. Tú decides…”

Para Fran de Pasaporte sin Destino, Cuba es un país donde el choque cultural se produce para ambas partes.

“El ser un país detenido en el tiempo y aislado, no sólo por su geografía, hace que les llame mucho la atención el cómo somos y vivimos. Para empezar, aprendes que los autos y los electrodomésticos no son desechables, como nos han hecho pensar en nuestra cultura.

Una tarde en un bar me puse a conversar con un chofer de guagua y me contaba que antes era abogado, pero que se aburría mucho y que prefirió dedicarse a su actividad favorita, ser chofer y así viajar por todo Cuba. Increíble, pensaba yo, en Chile es muy extraño elegir lo que te gusta por sobre lo que te genera plata para vivir.

Seguimos conversando y me decía yo no entiendo, se supone que los turistas que vienen tienen dinero, pero los miro y no usan anillos, cadenas ni nada. Le parecía inconcebible que no usáramos joyas. Yo le explicaba que donde vivo si salgo con joyas no vuelvo con ellas a casa, que no puedes andar por la calle con nada de valor, y me miraba con cara de espanto. Acá la delincuencia no existe, me dijo. La incredulidad se apoderó de ambos…”

Para Andrea Mujica, chilena nacida en Estados Unidos y blogger en Where she goes today, el choque cultural fue reverso.

“Creciendo en los Estados Unidos, siempre escuchaba sobre los viajes de otros compatriotas sobre las cosas que le produce un choque cultural. Me pasó lo contrario, fui al extranjero (Chile) y cuando volví sentí un choque cultural reverso con un país con el que debería “identificarme”.

Aparte de mis familiares, cuando llegué a Chile no conocía a nadie y tuve que empezar mi vida de nuevo. Por suerte tengo poca vergüenza y me lancé al mundo. Trabaje en una ONG, conocí otros viajeros con los que nos convertirnos en amigos. Descubrí que nuestras culturas son parecidas, pero los latinos son un poco mas cálidos y acostumbran saludarse de beso mucho más que allá. Me gustó. Me sentí en casa.

Volviendo a EEUU, encontré a todos mis amigos en el mismo lugar donde los dejé. No tenían muchas novedades para contar y yo me encontraba hablando con las paredes sobre mis aventuras. Ya no me importaba las Kardashians o hablar de las mismas copuchas del año uno. Quería más. Ahora soy la “viajera” y mis amigos se burlan un poco de mis locuras. Pero también soy la única apasionada por la vida y mi trabajo”.

choque cultural en Jamaica

Fran de La Vida Nómade vivió un choque cultural en Jamaica, donde menos se lo esperaba.

“Mi primer encuentro con Jamaica fue un tanto burdo. En esa época estaba trabajando como tripulante de crucero. Un día salí con un grupo de tripulants del barco e intentamos tomar un taxi. De inmediato nos dimos cuenta de que nos querían timar, así que optamos por irnos caminando. El taxista nos empezó a gritar FUCK YOU.

En otra oportunidad, fui con un macedonio y una mexicana al centro de Montego Bay. Al entrar a una tienda, un jamaiquino me hizo un comentario muy grosero sobre mi escote. No fue el único. Además, nos echaban de todas partes por ser blancos o sólo nos hablaban para ofrecernos droga, hasta que un jamaiquino se ofreció para acompañarnos y mostrarnos la ciudad, a cambio de una propina. Fue el único momento en que pude respirar tranquila. Fue muy chocante, yo no rechazo al resto por su color o procedencia y estoy acostumbrada a moverme por todos lados, sin que me discriminen. Lamentablemente, el único bonito recuerdo que tengo de Jamaica son estos niños que estaban jugando en el jardín de su colegio”.

choque cultural en Brasil

Nicole del blog Viajando Lento nos cuenta su experiencia en Brasil.

“Si bien está dentro de nuestro mismo continente, Brasil es el país menos latino de Latinoamérica. La cultura brasileña es tan única, que para un viajero de habla hispana es como conocer un nuevo mundo. Pero claro, yo no sospechaba de esto y tuve que aprender a palos cuando se me ocurrió la genial idea de irme a vivir allá por 3 meses.

Los brasileños son tan amigables entre sí, que los vecinos son como la familia misma. No es raro despertar de un salto en tu pieza y ver a tu vecina colgando y secando su ropa en tu ventana cuando creías que estabas sola (lo digo porque me pasó). Esta cercanía extrema me sorprendió positivamente, pero me costó mucho adaptarme. Y es porque los chilenos somos súper desconfiados. ¿De verdad es necesario venir a ocupar mi baño cuando tu marido está tardando en salir del tuyo? Sin embargo, cuando a mí se me acabó el gas de la cocina pude recurrir a los vecinos para terminar de cocinar mis fideos allá. Cuánto me gustaría tener esa confianza con mis vecinos actuales en Santiago.

Está demás decir que tuve pequeños choques culturales a lo largo de toda mi estadía. Los brasileños se comen la palta como postre, molida y con azúcar; comen una cantidad de frituras impresionante; andan en la playa con total tranquilidad y sin complejos; toman helado de chocolate mezclado con Coca Cola; las mujeres se ultra maquillan para toda ocasión y usan tacos hasta para ir al mercado. Ufff… yo no podría adaptarme a eso”.

Nicolás, gestor de Vida Carretera, nos cuenta su shock cultural en Francia.

“La partida en bus desde Barcelona generaba expectativas. A la altura de los Pirineos, sentía que el corazón se me iba a salir de la emoción. Llegué a Montpellier de noche, solo para partir al alba a la campiña.

El invierno no se escondía y, como panorama, mi anfitrión proponía una feria de la sopa, “para que conozcas la Francia profunda”.

Mientras él intentaba vender vinos en un stand, yo deambulaba con mi bowl como alien, feliz. Mi misión era buscar era la mejor sopa, zapallo, carne, cebolla, y muchas más que no recuerdo. Cada una me calentó el cuerpo, y también el corazón.

El sol nos regaló una pequeña tregua, y con ello aparecieron una banda de músicos estrafalarios tocando covers. No eran muy buenos, seguramente tocaban sólo durante fin de semana, pero la pasión nunca miente, ahí había amor. Y cuando tocaron Starman de Bowie, lo supe. Me emocioné. Estaba en el lugar correcto, donde la gente hace lo que quiere, sin importar el qué dirán, y las superficialidades citadinas. Después de haber vivido en Viña, Santiago, Sydney, Río de Janeiro y Guayaquil, finalmente había encontrado mi tribu en el campo”.

India es un país conocido por provocar un gran shock cultural a quienes lo visitan y de eso nos cuenta Paul del blog Pasaporte Dual

“Cuando hemos hablado con amigos sobre nuestro viaje a India, siempre comenzamos relatando nuestra experiencia en el templo Karnimata o mejor conocido como el “Templo de las ratas.

Antes de visitarlo ya nos habíamos dado cuenta lo cotidiano que es, en estas latitudes, la veneración de distintos animales (especialmente las vacas). Habíamos fotografiado innumerables monos, jabalíes y aves, encontrándolos a todos ellos tiernos y dignos de ser inmortalizados digitalmente. Pero ¿qué nos pasó con las ratas? Tan fuerte tenemos arraigado en la cultura occidental en la cual crecimos que son algo negativo que debemos admitir que no podíamos dejar de mirarlas con cierta desconfianza, intriga, recelo, en fin, nada muy positivo. ¿Nos han enseñado a sentir que tienen tan mala reputación? Al parecer sí. Pues bien, en India es el opuesto, las consideran familiares reencarnados y por eso son objeto de adoración.

En este templo nos impresionó no solo que se les venerara, sino que los fieles realizan peregrinaciones kilométricas para visitarlas. Ingresan de rodillas, descalzos e incluso algunos se recuestan en sus estómagos para acariciarlas. Les compran frutas y leche, la cual comparten con estos diminutos seres desde la misma fuente. En resumidas cuentas, las tratan como iguales”.

Daniela, bloguera en Y así son mis viajes nos cuenta su historia en Australia.

“El primer choque cultural que viví en mi vida lo tuve en Australia. Cuando planeaba este primer viaje no tenía contempladas esta serie de reglas implícitas que tiene cada cultura y que nadie te dice y que, por ensayo, error y caras feas de la gente, las aprendes. Para empezar, ellos no saludan de beso, sino que te dan la mano y, si te conocen un poco más, te dan un abrazo chocando las mejillas. ¿Un poco raro, no? Así que imagínense lo incómodo que fue, tan incómodo como cuando nos saluda un español, y no sabes hacia donde mover tu cara.

Lo segundo fue que son fieles a las reglas y no tienen intenciones de despeinarse un poquito, derivando en personas honestas y confiadas, lo que cuesta creer en un principio porque en Chile se aprende a estar siempre alerta. Así que cambiar el chip en este sentido no fue fácil. Por último, lo que me costó entender fue que los australianos respeten la vida personal y no te atacaran con preguntas, como lo hacemos nosotros, o quizás yo, con tal de conocerte un poco mejor, eso es algo que se da con el tiempo”.